Jeremy, por mucho la figura más reconocible del cine para adultos, ha sabido explotar su fama. Mejor que nadie, se ha publicitado a sí mismo al estampar su gordura e hirsuta cara en habanos, cerveza, camisetas y, por supuesto, en un juguete sexual basado en su anatomía..
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Acompañemos estas letras con música funky. Mucho mejor. Ahora sí... No es Troy McClure, pero seguramente lo recordaran por películas como “Chicas malas 2”, “Mamanda de noche” y “Querida, te agrandé el chico”. Más datos: es un personaje menudo, de amplio bigote, pelo rizado y seboso (aplica al cabello), nariz larga (sí, nariz larga) y abdomen abultado. Su nombre no es Mario ni es el protagonista de aventuras con hongos y princesas en desgracia (bueno, no en el sentido tradicional). Para más referencias: Ha participado en unas mil 500 cintas y su lema de campaña es “más de un millón de clientas satisfechas no pueden estar equivocadas”. Niñas y niños, parémonos para homenajear al tipo más envidiado del planeta, al rey, al único, al inigualable ¡Ron Jeremy!
Conocido en el ambiente porno como el Erizo, debido a la cantidad de pelo que le crece en todo el cuerpo, sobre todo en la espalda, Ron Jeremy no es exactamente el tipo más apuesto que se haya desnudado frente a una cámara, pero su persistencia, humor y herramienta de trabajo “siempre lista” lo han hecho uno de los actores más ocupados de una industria que genera 4 mil millones de dólares al año.
El Erizo escupe: “He sido rasurado, golpeado, baleado, apuñalado, aventado a albercas. He trabajado con gordas. Lo he hecho todo... salvo escenas gay. Tampoco he esquiado en agua.”
La sorprendente energía sexual de Jeremy ha estado en constante exhibición desde 1979. Más de dos décadas en el negocio de la perforación de pozos lo han convertido en una celebridad. Ron Jeremy Hyatt nació el 12 de marzo de 1953, en Nueva York. Fue boy scout y practicó gimnasia durante sus años mozos. Tiempo después, en Brooklyn, trabajó como mesero, maestro de primaria (¡!) e incluso actuó en varias obras de teatro en el off-Broadway. A finales de la década de los setenta una de sus novias le tomó una foto “de la cintura para abajo” y la mandó a Playgirl. Su aparición en dicha revista le abrió las puertas del negocio erótico, que con gusto lo acogió debido a su “inmensa capacidad histriónica”. En su primera película, “Tigresas y otras comehombres”, compartió créditos (y ADN) con la legendaria Samantha Fox.
Ron Jeremy ha sabido aprovechar cada una de las oportunidades que se le han presentado. Su enhiesta virilidad ha estado en el sitio preciso a la hora correcta. Habrá que recordar que este cerdoso actor se hizo camino en la última etapa del cine porno en 35 mm y acrecentó su fama de “siempre firmes ya” cuando el formato se mudó al video. Mucho antes del Viagra, este “adonis” sorprendió a propios y extraños con su potencia, apetito insaciable y, por qué no decirlo, con una serie de trucos circenses que incluyen la siempre difícil “tres sin zacate” y la “imposible para simples mortales” auto felación (baste imaginar a un cuate tocando la gaita para tener la postal exacta).
El Erizo brama: “Muchos actores se burlan de mí porque me importa un pepino mi sobrepeso. La mayoría de ellos entrenan en gimnasios, yo me ejercito en buffets. Para tener éxito en este negocio se necesita algo más que cuerpo de pesista.”
En los ochenta, cuando la ciudad de Los Ángeles se transformó en la Meca del cine triple equis, Ron dejó atrás las escenas en donde sólo aparecía como doble de cuerpo y se convirtió en actor de tiempo completo. Por aquella época, cientos de mujeres viajaron a California con la esperanza de convertirse en estrellas de la industria hormonal; a todas ellas les tocó audicionar con nuestro barrigón personaje. Innumerables “hermosas debutantes” fueron aleccionadas por su cetro, entre ellas la fantástica Christy Canyon
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Pocas presas se le escaparon durante el conservadurismo republicano de Reagan: El dotado actor se escabechó a prácticamente todas las actrices de la época dorada del porno. De Tracy Lords a Ginger Lynn, todas conocieron el paredón y no pocas se quejaron por tan terrible sondeo sin anestesia. Por aquellas fechas Jeremy se estrenó como productor y director, y –sin ir más lejos– fue uno de los precursores del concepto “dos películas en un día”.
Veintitantos años de palpitaciones sin descanso, tanto dentro como fuera del set, hacen pensar que Ron Jeremy tiene un pacto con el diablo. Más de cuatro lustros catando sonrisas verticales lo han transformado en figura mítica, en icono de la cultura popular. (Los talk shows se lo pelean y ha hecho cameos en infinidad de largometrajes “normales” y videos de rock.) Quizá la estrella porno masculina más famosa de todos los tiempos, este adolescente cuarentón sabe que mientras la ley de la gravedad esté de su lado, su nombre siempre figurará en la lista de invitados del gangbang.
El Erizo tañe el badajo: “Es demasiado entretenido para dejarlo. Trabajo mucho porque me divierto horrores. Me retiraré el día que vaya al baño y escuche el sonido ‘¡pop!’. Maldeciré un rato y entonces tendré que actuar en películas normales. Mientras eso pasa, mientras todavía la tenga pegada al cuerpo, me la pasaré bien.”
Bueno, ustedes se preguntaran cuál es el secreto de Ron. Pongámoslo así: nueve pulgadas tres cuartos, algo así como 25 centímetros de talento. ¡Cáspita!
Arturo Pizá

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