¿Dónde jodidos está Betty Page?

     
 
 
 
 
 
 
 

Tenía esa clase de inocencia picante tan rara de encontrar, contemporánea y provocativa, también nostálgica.

Hugh M. Hefner


Betty Page es sinónimo de escándalo, de exorcismo. Su extraña belleza se convirtió en la fantasía colectiva de los gringos durante la década de los cincuenta. Exótica y a la vez dulce, mitad dominatrix, mitad chica next door, esta mujer probó una y otra vez la capacidad eréctil de millones de hombres (chicos y grandes) que guardaron –en secreto– su figura voluptuosa bajo el colchón. Sirva como dato que Betty Page apareció en prácticamente todas las revistas para “caballeros” de la época y fue fotografiada más veces que Marilyn Monroe y Cindy Crawford juntas.

BP nació en 1923, en un pueblo bicicletero de Tennessee. Fue la segunda de seis hijos de una familia devastada económicamente por la depresión norteamericana. Tras el divorcio de sus padres, Betty y dos de sus hermanos fueron a dar a un orfanato donde ella vivió algunos de los momentos más amargos de su vida. A pesar de todos los problemas, tanto económicos como emocionales, pudo terminar su carrera como educadora. En 1947, después de un desastroso matrimonio con un soldado, hizo maletas y se mudó a Florida. En Miami trabajó como secretaria y después en un club nocturno hasta que reunió el dinero suficiente para viajar a Nueva York.

Durante el otoño de 1950, con la esperanza de ingresar al mundo de la farándula, Betty Page aceptó un trabajo de oficina en una compañía teatral. Sin embargo su carrera en el modelaje inició de forma accidental: Un día, mientras caminaba por la playa, un fotógrafo se le acercó y le propuso hacer un portafolio. Ella aceptó y pronto, demasiado pronto, se convirtió en la modelo preferida de todos los clubes de fotografía neoyorquinos.

En 1952 comenzó a modelar para Irving Klaw, un reconocido fotógrafo de postales eróticas. Fueron éste y su hermana, Paula Klaw, quienes realmente crearon la figura mítica de Betty Page. Miles y miles de fotos salieron del estudio localizado en la calle 14. Las imágenes van de la inocencia en bikini al bondage con látigo y tacones de seis pulgadas. Debido al éxito, los Klaw filmaron con ella alrededor de 50 cortos de tipo fetish y burlesque.

Betty Page posó para todas las revistas eróticas de la fecha, incluso fue la chica centerfold de Playboy en enero de 1955. También modeló para Bunny Yeager, la famosa fotógrafa norteamericana que en ese entonces era una completa desconocida. La fama de Betty Page se fue al tope, pocos se resistieron a su sonrisa lasciva, a su brassiere francés, al liguero, pantaletas y medias negras que contrastaban perfectamente con la claridad de su piel.

Todo marchó bien hasta 1957, año en que la ultraconservadora sociedad norteamericana de los cincuenta le preparó una emboscada. En una típica movida McCartista para salvaguardar el “american way of life”, el Senado incautó comics, fotos, revistas y películas consideradas como obscenas. Un comité encargado de investigar la “relación entre la pornografía y la delincuencia juvenil” señaló a los hermanitos Klaw como productores y distribuidores de material “altamente peligroso” para la moral; aunque se dice que la medida fue más electorera que nada.

La cacería de brujas llegó hasta Betty Page, que fue citada para comparecer en el juicio de los Klaw. Los hermanos fueron declarados culpables y obligados a quemar todo su acervo cultural. (Por fortuna Paula Klaw escondió gran parte de los negativos.) Fue entonces, a los 34 años, que la reina del pin-up decidió abandonarlo todo, sin decirle nada a nadie.

¿Qué fue de Betty Page? Después de su repentina desaparición, como sucede con todos los iconos de la cultura de masas, comenzaron los rumores: que se volvió la sacerdotisa de un culto satánico, que se casó en secreto con el Sha de Irán, que alguien la reconoció mientras mesereaba en una cafetería de carretera, que daba masajes eróticos a domicilio, que había muerto a causa de una sobredosis. El misterio sólo acrecentó su fama.

La verdad se conoció hasta 1992, es decir, 35 años después de su magistral fuga. Un programa de televisión se las ingenió para dar con ella. De espaldas a la cámara, en un cuarto con poca luz, una anciana llamada Betty Page resolvió el enigma: después de abandonar el modelaje, hizo muchas cosas y vivió en diferentes lugares de E.U. Fue secretaria, consejera de adolescentes embarazadas y maestra de primaria. También, para desconsuelo de sus seguidores, formó parte de una de esas sectas vende biblias tan comunes en el país de la mala cerveza y la grasa saturada.

La indiscutible reina del pin-up, la mistress de mistress aún vive, sólo que ahora es una viejecita apacible que no se deja fotografiar por nadie (“para que mis fans me recuerden tal como lucía allá en los cincuenta”) y que sólo se arrepiente de una cosa: el haber tirado todo su guardarropa fetish cuando se volvió “piadosa”.

El mito de Betty Page vivirá para siempre. Mucho le debe la escena bizarre actual a esta mujer, movimientos como el leather, látex, PVC, discipline y high heels serían impensables si su anatomía no hubiera atizado, a mitad del siglo pasado, la lucha entre lo público y lo privado. Derribó tabúes y asustó a los mochos, admirable mujer esa Betty Page.

Nosotros, los de acá, conformémonos con nuestros maravillosos calendarios de carnicería o refaccionaria. Por cierto, ¿alguien ha visto a Gina Montes? ¿Alguien sabe algo de Olga Breeskin? Los que estén cerca de los treinta me entenderán.

Arturo Pizá


   
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